Negociar sensaciones

Ella lanzó el teléfono móvil sobre el colchón con desidia aprendida. En realidad, siempre terminaba por arrojar todo lo que tenía entre manos. Sobre el tocador sesteaban tres bustos de maniquí, y sobre cada busto una peluca. Rubia, morena y pelirroja. Ella sentía tres dimensiones enfrentadas de su personalidad cada vez que se situaba delante de aquellos maniquíes tajados por los hombros. “Algún día no sabré quién soy”, pensó mientras alargaba la mano hacia el postizo rubio no tanto para hacerse con él como para recibir –o creer recibir- las sensaciones que éste le transmitía.

Pero no sólo se limitaba a recibir sensaciones sino que también las negociaba. ¿Cómo dar con ella? En los anuncios clasificados del diario, sección relax. Existían tres caminos para llegar hasta ella, al menos tres caminos impresos, tres números de teléfono diferentes que convergían en el mismo terminal y tres tonalidades distintas de cabello aptas para cualquier hora del día. Susanne, Betina o Marina concurrían  vertiginosamente en la misma persona según fuera el tinte de cabello elegido al otro lado de la línea.

maniquí

Imarobot – Pouring rain (2006)

2 comentarios

  1. ¿Es una puta calva?…vamos, que es puta y es calva… no es que tenga yo nada contra las calvas :P

  2. De no existir las putas calvas me temo que hablaríamos de la “banda de los abusacalvas”; así que mucho ojo, que las putas y las calvas cumplen una importante labor social…

    Un saludo Miss S.

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