Conozco a un cobarde, me cruzo con el de tanto en tanto. Mejor dicho: me evita de tanto en tanto, siempre que puede.

Los cobardes son incapaces de aguantarte la mirada; tan sólo a través de una mirilla y, a veces, ni eso.

Callan cuando se les pregunta.

Amenazan y atacan sólo cuando piensan que están a salvo.

Siempre nadan en el mar de la neutralidad y nunca se mojan.

Son como esferas: cobardes los mires por donde los mires.

Además, no admiten que lo son.

Mueren antes de su muerte.

Se dan por aludidos con más frecuencia de la que deberían.

Y siempre tienen una excusa.

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