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Al obtener mi reflejo desde el espejo sobrevino la certeza: me había quedado sin alma.

Después del estupor inicial, permanecí un rato largo gesticulando y braceando frente al espejo. Pero no grité, aullar debía de ser lo último… Un rugido desde mi garganta hubiera removido el sueño de la mujer que dormía en la habitación contigua. Quién sabe qué despertar tendría, tal vez lento y descuidado o, lo peor, furibundo…

De despertase furiosa intuí que con seguridad  jamás recuperaría mi alma.

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Beatles – Happiness is a warm gun (1968)
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