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bella-danielsCuando abrí los ojos me reencontré con el techo del salón. Notar la lengua engomada al paladar fue el indicio que me hizo saber que la noche anterior había bebido demasiado.

Sentí la sangre más líquida de lo normal corretear por las venas y también advertí un desgarrón en las paredes del estómago.

No era el corazón lo que bombeaba la sangre sino los pliegues gástricos al contraerse sin avisar. El sonido exterior parecía ahogarse en cada cresta del bombeo y, de repente, el techo dio un cuarto de vuelta sobre sí mismo.

Aquello era una resaca. Mejor. Significaba que aún no me había transformado en una dipsómana, que era todavía capaz de conmoverme  frente al alcohol.

Puse la cafetera al fuego, en la nevera no quedaba más cerveza. Seguía sin recordar cuando me bebí la última.

Gainsbourg – Sorry Angel (1984)
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