Se sucedieron varias estaciones de subterráneo y después un transbordo seguido de tres estaciones más. Al final del pasillo retumbaba el eco de los pasos de Beth confundido con la reverberación del tren que desaparecía por el túnel.

Aún alcancé a ver sus pantorrillas endurecerse mientras subía los escalones que conducían al exterior. Fuera se encontraba el horizonte devastado del extrarradio, que yo tan bien conocía: descampados habilitados como aparcamientos y bloques de pisos dispuestos como fichas de dominó.

Las farolas de luz ámbar e insalubre asimilaban el barrio a una morgue.

Quizá Beth esté muerta, es posible que el muerto sea yo. Este barrio es la evidencia de nuestra muerte.

bloques

Katerine – Jesus Christ mon amour (1999)
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