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Permanecimos un buen rato apoyados contra la persiana metálica uno junto al otro sin nada que decir; una última mirada bastó para rubricar el acuerdo.

Hay cosas que se piensan y no se dicen… y hay cosas que se dicen y no se piensan. Esto último fue lo que ocurrió, pero algo no dicho y sí pensado convertía el trato en irrenunciable.

-¿Dónde podré conseguir una pistola? –murmuré.

nada-que-perder

Foetus – Blessed Evening (2005)
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