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Permanecimos más de una hora en el lavabo de la parte de atrás. Mientras Alberto encendía un cigarrillo con la colilla del último, yo mataba el tiempo aplastando insectos con la suela del zapato. No me gustaba esperar en aquel lugar, el lavabo me daba asco, pero era el último sitio de la estación donde alguien entraría a buscarnos. En eso, Alberto, tenía toda la razón del mundo.

En cuanto me entregasen la bolsa de deporte, podría matar algo más que bichos. Y -a lo mejor- también a Alberto.

lavabo

Black Cab – Surrender (2006)
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