¿No le fascina a usted el juego de las miradas? No crea que no me he percatado que sus ojos no descansan en el paisaje sino en el reflejo que yo proyecto sobre el cristal, usted no se atreve a percibir una imagen nítida de mí y se conforma con mi distorsión.
Mas tarde descubrí que el orden, la armonía de los objetos, no era una ley establecida desde lo universal, sino que uno mismo podía precisar y determinar ese orden, con lo que un interesante panorama de estructuras y alineaciones se abría frente a mí.
Al final, uno no sabe por qué hace los cosas, por qué enciende un cigarrillo donde no se debe, por qué desplaza el centro de gravedad más allá de la valla de protección…
El secreto reside en mantener la verticalidad, en que no se note que eres más horizontal que vertical; en el hecho de que -aunque tus dientes están sobre el asfalto- parezca que estés masticando el aire.